lunes, 4 de junio de 2007

ochenta y seis

Llegó al semáforo. Estaba rojo, todos esperábamos. Pero ella gritó, gritó con una voz horrible, seca, de fumadora. Pero aun así de repente se volvió preciosa. –Jorge! Gritó. Y una sonrisa apareció en su cara. Estaba realmente bella. No era bonita, pero esa sonrisa… realmente iluminaba, estaba preciosa. Espero impaciente, como si la fueran a dar un regalo precioso, como si estuviera esperando a que abrieran una bolsa de gominolas todas para ella. Era dulce. De repente cambió el semáforo. Corrió, corrió entre los coches que esperaban la luz verde, y allí, estaba él, Jorge. Sonrió, la regaló un beso y se quedaron allí. Entre los coches, casi en medio de la calle. Abrazados. Con su sonrisa, con su regalo.

Supongo que él tenía razón, cuando decía que estaba linda porque sonreía, cuando pedía que estuviera contenta. Nunca llegue a entenderlo. Ahora creo que puede ser cierto, si sonreía como ella, era gracias a él. Debía estar preciosa en aquel entonces.

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