viernes, 4 de mayo de 2007

setenta y cuatro

Acaba de entrar. Es la una de la madrugada. La ropa se entremezcla con las sabanas. Los libros con las cosas. Comienza a recoger, una percha, una camisa, un pantalón… se sienta al ordenador. Quiere hacer algo. Se levanta y se apoya en la ventana. Mira a su alrededor. Siempre es un caos, un descontrol, no acaba casi nada. Piensa en todo lo que debería hacer, en los proyectos que no empieza. En como se esfuman sus sueños apartados por meros libros pesados. Algo oprime todo el conjunto. Se acuerda de él. Necesita que venga. Que tome el avión, Paris no esta tan lejos. Y aunque crea que esta todo olvidado, sabe que necesita que venga, que esté. No será quien la comprenda, o quiza si, o no se dejo nunca. Pero es el Único que puede verla llorar. Derrumbarse. Siempre penso que un día afrontaría su futuro, y a pesar de todo, con eso no tiene que ver. Busca desesperada un cd, el de las canciones que él grabo. El de las letras que se volvieron tristes, el de las sonrisas que se volvieron tan amargas. Cuando las heridas están por toda su habitación, cuando los recuerdos atrapan, alcanzan. Todo le pertenece, todo es un nosotros absurdo y destruido. Y necesita una respuesta a demasiadas preguntas. Que venga a abrazarla porque hoy no sabe dormir sola. No puede. No tiene valor. Nunca supo caminar sola.

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