Vos señor de la boina y los puros diminutos.
Vos cuya sombra era aquel rastro de humo.
Vos que me llevabas a una playa de hierba con ovejas,
a un monte con enanos y princesas.
Vos que nos conducías en un coche blanco y negro,
a vos quiero.
Usted señor, con el pelo blanco y las piernas frágiles,
Usted señor, con su mirada.
Usted que escribe en una máquina verde,
que podaba los árboles antes de que pasaran de fecha.
Usted, que escondía tesoros en la masa,
que hacia cemento en un volcán de arena.
Usted que construía maravillas
y compraba folios donde Ana.
A vos quiero.
Quien nos llevaba de paseo por Alceda
ese gran parque, que mire usted, ahora es diminuto.
Todo parece que se quedo diminuto cuando yo crecí.
Pero se equivocan, usted sigue siendo grande.
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