viernes, 24 de agosto de 2007

ciento veinte

No pudo resistirse, se levanto de su cama naranja, sigilosa, intentando no despertar a las demás ni si quiera a la nostalgia. aunque lo que ella no sabia es que estaban ahí, y eran ellas quienes la hacían levantarse de la cama, acercarse, abrir la cajita negra y sacar ese cuadro, la fotografía de la naturaleza muerta, el bodegón de la felicidad. Lo llevo consigo, hasta la pared del clavo. Lo intento. Intento por todos sus medios colgar la fotografía, siempre hay momentos para rendirse, ese era uno. miró el cuadro. Se observo, estaba tan feliz, sonreía, la brillaban los ojitos. Estaba tan linda en ese blanco y negro cruel. Si, él también. Él lindo y feliz. Pero él tenía la culpa de ahora, o quizá no. La culpa siempre fue de los dos. O eso había aprendido. Nostalgia se apodero de ella. La tristura comenzaba a consumirla.

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